Tarrako. (Capítol 1): La mujer de rojo

“Para los niños que han llegado, Alba i Pau. Para la ‘iaia’ que nos ha dejado, Lourdes”.

La mujer de rojo

Los rayos del sol penetran la ventana desnuda del desordenado despacho, mientras el detective no encuentra la taza de café en la pradera salvaje de papeles húmedos. El bourbon de la noche anterior había aterrizado sobre la mesa manchada, convirtiendo el círculo del vaso en una enorme medusa que dejó de moverse al perderse por los surcos de la mesa.

Levanta los ojos y busca la taza de dibujos infantiles que rellena cada mañana de café, a cualquier brebaje ennegrecido lo llaman café, y no la encuentra. Había desaparecido, era el caso más importante de Pol Baker, detective privado. El único asunto que descansa sobre su escritorio es el del tazón escabullido. Ningún otro cliente había entrado en esa pequeña pocilga en las últimas cuatro semanas. El último, un hindú ebrio que había perdido el karma en una partida de póquer. “Con tres ochos y dos sietes lo he perdido todo. Si hubiera sido por una mujer hallaría el perdón en Dios, pero por unas cartas grasientas en un tugurio de malas vidas, no, no y mil y una noches no. No encontraré nunca la misericordia de Dios. Me meo en el póquer y en los corazones.” Su castellano, como su estado mental, no era muy bueno. Sus intenciones nunca se descubrieron, porque se levantó y se largó sin dejar que Pol pronunciara ni una sílaba, aunque este tampoco tenía nada que decir. Otra resaca carente de sentido y su lengua buscando una gota de saliva no le hubieran permitido pronunciar ni un vocablo.

Tarrako_300x413px¿Dónde andas maldito tazón? Los cuerpos muertos no se desplazan solos, miento, cada día veo miles de cadáveres andantes, moviendo sus piernas, corriendo, hablando, todo por nada, seguir estando en un lugar por el mero hecho de continuar. Alguien se ha llevado el maldito vaso gigante o no recuerdo donde lo dejé, ni la memoria me da una pista de la primera vez que lo vi. Nunca he traído esa taza de Disneylandia a este despacho. Mejor me sirvo el café en un vaso pero la cafetera dejó de funcionar una mañana. Calentaré el agua y añadiré un sobre de polvos marrones insípidos. Joder, jamás tengo lo que busco cuando lo necesito.

Pol Baker se sienta ante la enorme pantalla plana clavada a la pared de su habitación. Amolda sus posaderas en el sofá de día y cama de noche, mientras pulsa el botón rojo del enorme mando a distancia. La gran pantalla se ilumina, en el ángulo superior izquierdo aparece la hora y la fecha, en el superior derecho la eterna publicidad subliminal de HAL, la empresa que proporciona toda la tecnología al planeta. Treinta opciones diferentes remarcadas de blanco bajo un fondo rojo, en el uno “televisión”, en el dos “internet”, en el tres “mercados bursátiles”, en el cuatro “el tiempo”, cinco té la inco, seis te huelen los pies y así hasta el treinta. De la maquina rellena de chips y circuitos emerge algo parecido a una voz humana.

-Buenos días Pol –la voz metálica y fría de mujer fatal brota desde el cacharro-. Son las once del mediodía, el día es soleado en Tarrako, la temperatura es de veintisiete grados y la humedad del ochenta por ciento. ¿Qué desea señor?
-Noticias –un bostezo.
-El alcalde de la ciudad ha dado el visto bueno a la ampliación del ayuntamiento, expropiando así cinco edificios colindantes, que serán utilizados para el bien común. La ola de calor de esta primavera tiene visos de alargarse hasta el próximo invierno, aunque debemos estar alerta, ya que las tormentas tropicales pueden aparecer en el momento menos esperado. El jugador del Nastik Tarrako, Josué Pescador, ha sido declarado inocente de la acusación de violación que pendía sobre él, la acusadora en el último momento retiró los cargos y abandonó el juzgado en su nuevo automóvil, rumbo a la villa “Petit Amour” situada en Cavalaire, un hermoso pueblo de la Costa Azul francesa.
-Internet –otro bostezo.
-El buscador está listo para cualquier consulta -la misma voz metálica variando las palabras pero no la entonación.
-Correo electrónico.
-Tiene ocho mensajes nuevos y mil ochocientos guardados.
-¿Hay alguno de Muriel?
-Negativo señor.
-Mierda, vaya racha de los cojones.
Pol se levanta, acerca sus dedos al detector de humo y lo desactiva.

“Recuerde que es un delito fumar en el hogar, el tabaco es ilegal, daña su salud, enferma a los que le rodean y destruye lentamente la capa de ozono. Si es descubierto fumando la Social Seguridad no le abonará los gastos médicos derivados de esta práctica insana y autodestructiva. Recuerde que ahora cualquier incendio que se declare en su hogar no podrá ser detectado.”

Una máquina nos impone las instrucciones, de nada sirve razonar con ella, darle otro punto de vista sobre sus normas dictatoriales o invitarla a comer para resolver nuestras diferencias, sólo es otra jodida funcionaria forrada de acero toledano.
Enciende una cerilla, prende el cigarro que descansa en su boca, inhala, el humo resbala por su tráquea hacia los pulmones, placer momentáneo. La prohibición aumenta el placer de forma exponencial. Nombradme cien delitos y os proporcionaré cien orgasmos.

-Que demonios, las leyes están para quebrantarlas, porque si no lo hiciéramos no tendrían razón de existir.
-¿Qué dice señor? –La voz metálica renace.
-Que estoy hasta los mismísimos huevos de toda esta basura tecnológica.
-No entiendo su requerimiento señor.
-¿Qué puedes discernir cacharro? Sólo eres una puta máquina programada para joder la vida a los humanos, si es que todavía queda alguno.
-Sigo sin entender su requerimiento señor. También quiero recordarle que su extractor de humos está desconectado. En el último mes ha desconectado quinientas veces el detector. Recuerde que consumir tabaco es ilegal y perjudicial para la salud. Provoca cáncer, enfermedades pulmonares y cardíacas, afecta a los niños y a los adultos, disminuyen el número de espermatozoides y acortan la vida de personas que deberían estar sanas si no fuera por esta plaga destructiva que nos azota desde hace siglos.

Ordenadores, no los soporto, pero sin ellos es imposible habitar en el primer mundo. Como esa antigua película, “Terminator”, donde las máquinas dominan el mundo. Así vivimos ahora, están rodeándonos y no podemos escapar. Nos dejan convivir junto a ellas pero con un cortocircuito casual tienen el poder de destruirnos. Dadme una isla desierta y crearé un paraíso en menos de siete días. Destruiré todo lo construido por el hombre y dejaré que la naturaleza reine en mi nirvana. Podemos tener algo más. La naturaleza es una puta. Magulladuras en la fruta. La tierna edad de la flor.

Pol se desnuda ante el espejo del pequeño baño. Toca los tres días de barba con sus dedos amarillentos. El vapor del agua caliente humedece el cristal. Escribe dos kas separadaspor un punto. “Mierda, mierda, mierda”, repite mientras se moja la cara con agua fría y siente el oscuro mármol del sucio baño sobre su abdomen.

Suena el timbre. Agarra la toalla roja, dibuja una falda sobre su cintura y corre hacia la puerta. “Puede ser un cliente, necesito trabajar o terminaré con el hígado ahogado entre tanto alcohol barato aniquilador de neuronas”. Abre la madera forrada de bisagras mientras el taparrabos rojo cae y se queda descansando en el suelo. Ante él aparece ella. Labios carmesí, pelo interminable y pelirrojo, ojos fuscos, escote generoso, piernas infinitas y rostro sonrojado al ver que nada cubre las partes más ocultas de cualquier hombre
decente.

-Buenos días, perdone este aspecto pero estaba en la ducha cuando usted ha llamado a la puerta –dice Pol acariciándose el pelo con la mano derecha.
-Tras haber visto su colgajo, creo que podríamos tutearnos -responde ella mirando hacia el suelo.
-¿Colgajo? -él baja la mirada, se sonroja, estira las manos hasta la toalla y vuelve a cubrirse la melenita baja-. Nunca me había ocurrido algo así, normalmente me quedo en pelotas porque quiero, no por accidente.
-No te preocupes, no es la primera que veo eso y espero que tampoco sea la última, si no el recuerdo que retendré del cerebro de los hombres será esperpéntico -ambos empiezan a sonreír antes de que ella termine la frase.

Ahora se miran a la cara. Él lleva días sin afeitarse. Pelo largo, rizado y abundante cubre su cabeza. Los ojos verdes cambian de tono, claros en la luz y oscuros en la sombra. No es muy alto ni muy fuerte. Uno más en un mundo que va a menos.

-Entra por favor. Perdona por lo de antes. Voy al baño a cambiarme y salgo en un minuto.

Los intestinos no dejan de golpear mi pared abdominal, el dolor es punzante e intermitente, no puedo más, debo sentarme en la taza con los poemas de Baudelaire y dejar que todo siga el ritmo de la naturaleza. Ya empiezo a ser persona. Joder, el extractor no funciona.
Unos gallumbos estampados con la jeta del Pato Donald. Los tejanos viejos, gastados y sucios. Unas zapatillas que algún día fueron claras. Una camiseta roja con una leyenda estampada. “No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. François Mauriac.”

-Bien, aquí me tienes. ¿En qué puedo ayudarte? –dice Pol mientras se sienta tras su caótica mesa y aparta con la mano derecha todos los papeles centrales, dejándolos en el lado izquierdo, junto a unas cajas por abrir y el ordenador portátil.
-Mi nombre es Iris Sorenssen –se queda callada durante unos segundos, mira hacía el reloj de pared detenido a las tres, mientras cuatro lágrimas nacen en sus oscuros ojos-. Perdón, lo siento.
-No te preocupes, aquí tengo unos pañuelos –estira la mano hacia la caja vacía de cartón. Él la mira abriendo los ojos y susurra al silencio que siente no tener hojas secadoras de tristeza.
-Hace tres meses apareció muerto mi novio, José González Murrieta. Lo encontraron bajo la ventana de su laboratorio. Decían que había saltado desde un octavo piso. Cuando me llamó la policía traté de convencerles de que José no se había suicidado, jamás había tenido ningún pensamiento autodestructivo, bien al contrario, deseaba vivir y continuar investigando más que nunca. La noche que se marchó al laboratorio para no volver me contó que estaba a dos milímetros de conseguir uno de los mayores avances en la lucha contra la LIA. Nadie sale tan excitado de casa para tirarse desde un octavo piso –un par de lágrimas-. Ni los padres de José ni yo creemos que eso fuera un suicidio, estamos seguros que alguien lo asesinó.

La LIA o Leucodistrofia Infecciosa Asiática es la nueva peste de una época naciente. Los primeros casos se habían detectado en Asia y en pocos meses aparecieron contagios en todo el mundo. Gengis Khan volvió a la vida para arrasar de nuevo el planeta. La Leucodistrofia producía una degeneración lenta pero constante de las capacidades funcionales del cerebro. Una enfermedad, que antes sólo se consideraba genética, que se había convertido en una plaga infecciosa. Los pacientes sufrían diferentes tipos de demencias y un tiempo después la muerte por fallo de los órganos vitales.

-¿Salió por la noche de casa?
-Sí, recibió una llamada a su teléfono móvil y se dirigió al laboratorio de la Universidad.
-¿Sabes quién lo llamó?
-No tengo ni la más remota idea, supongo que alguno de su equipo, pero el móvil no ha sido localizado y según la policía no hay ningún registro de que recibiera una llamada a esa hora.
-¿Era habitual que saliera por las noches hacía el laboratorio?
-No era lo más frecuente, pero algunas noches se largaba. Volvía al día siguiente por la tarde. Era un fanático de su trabajo.
-¿Tienes alguna fotografía suya?
-Sí, aquí tengo una.

Un tipo de metro sesenta, unos ciento diez kilos, cara de luna llena. Michelines rebosando por las caderas, brazos y piernas. Una pequeña bola de grasa con una sonrisa entrañable. Ella hermosa como una leona en celo le coge de la mano. El amor es un ciego o un miope con infinitas dioptrías.

-Parece un buen chico. ¿Cuándo lo conociste?
-Hace unos ocho meses, en unas conferencias sobre los avances terapéuticos frente a la LIA, en los países del hemisferio sur. Como ya sabes esos países no pertenecen a la Confederación de Estados Libres Democráticos –así se denomina ahora a la unión de todos los países industrializados-, y allí no existe control alguno sobre ninguna enfermedad. Charlamos, tomamos unas copas y un mes después vivíamos juntos.
-Estuviste con él unos ocho meses, en ese tiempo podrías no haberlo conocido suficiente y que realmente fuera un suicida en potencia.
-Podría estar equivocada, pero estamos convencidos que fue asesinado, por algún motivo y por alguien que desconozco. Quiero que me ayudes, tenemos dinero y lo queremos invertir en conocer lo que sucedió esa noche.
-La verdad no existe, podríamos intentar aproximarnos a ella, pero no conocerla toda –silencio-. Perdona es la resaca que me hace hablar como un gilipollas.
-Pues si no es la verdad, que sean algunas palabras que se asemejen a lo que realmente ocurrió.
-Me gustaría que supieras que yo no he llevado ningún caso como este. Me dedico más a casos de infidelidad, fotos robadas o timos a empresas, pero ahora no tengo ni un solo cliente y necesito el dinero, por lo que investigaría sobre este caso o sobre el asesinato de Kennedy.
-Él estaba entusiasmado con el proyecto “Omega tres”. Se encontraba en la fase final de la investigación.
-¿Qué es “Omega tres?”
-Es el proyecto más ambicioso de la Universidad. Encontrar una vacuna efectiva ante la LIA. Buscan una cadena genética que sea común entre los diferentes patógenos, virus y bacterias, que pueden provocar y contagiar la Leucodistrofia. A partir de esta serie de proteínas se desarrollaría la vacuna. Todos los expertos dicen que es un sueño, pero José sabía que podía ser una realidad.
-¿Te importa si voy al lavabo? –dice ella mientras levanta su precioso trasero de la horrible silla.
-Está desordenado y sucio. Huele peor que todas las defecaciones de los soldados alemanes y rusos durante la batalla de Stalingrado, que duró unos tres meses y combatieron cientos de miles de hombres. Ya me has visto desnudo, no quieras también oler mi autenticidad. Utiliza esa bonita cabeza y lárgate a un urinario de cualquier bareto, todo será más agradable que entrar en ese ataúd de gres.
-No importa, en plazas peores he sentado mi trasero – dice mientras dirige su mano hacia el pómulo de la puerta del Olimpo escatológico.

Un tipo muerto y enterrado, un suicidio para todos menos para su novia y unos padres que jamás aceptarán que su hijo se ha arrancado la vida de cuajo. Una chica escultural follando con un modelo masculino de Botero. Responde a una llamada nocturna, alguien le esperaba, lo empujaron o se tiró tras la charla, si hubo parloteo.

Nunca he investigado una muerte. Cuando empecé a trabajar de detective deseaba zambullirme en mil deducciones para atrapar a los tipos malos y darles su merecido, como un Sherlock Holmes sin Doctor Watson. Pero aprendí que lo más difícil no es cazar al delincuente, sino descubrir quien es realmente el malhechor. Cuando conoces su nombre es tuyo, no importa donde se esconde, lo sabes, él también y ya está atrapado. Hasta hoy he estado trabajando con hombres y mujeres que quieren saber si son engañados por sus parejas, unas veces aciertan y lloran, mientras que otras fallan y sonríen, la lotería al revés. También he sido asalariado de empresas que quieren cazar currando a sus trabajadores imposibilitados de forma temporal. Vigilo, persigo, hago unas fotos, unas llamadas, cojo el dinero, me lo ventilo como y donde quiero. Mi cuenta corriente está en rojo y para sobrevivir en esta ciudad necesito el azul.

Iris sale del baño arreglándose el pelo, se sienta de nuevo en la silla, me mira y pregunta.

-¿Aceptarás el caso?
-Buscaré, preguntaré y en unos días te llamo. Son trescientos eurusas –esa es la moneda que acuñaron los europeos y norteamericanos cuando se unieron para finalizar el círculo de la globalización-, que cobro por adelantado y otros cien diarios.
-De acuerdo –saca un cheque, escribe Pol Baker, la cantidad y firma-. Te llamaré en tres días. Por cierto, ventila ese baño, creía que iba a desmayarme. En este mundo creo soportarlo todo menos los olores emanados del mismísimo infierno.

Ella se levanta, mueve sus caderas, sale por la puerta esquivando unos pantalones que no deberían estar en el suelo, pero allí se encuentran. Tantos objetos en el lugar equivocado, tantas vidas en esta ciudad maldita, caminos que no cogemos, países donde nunca estaremos, aventuras que pasarán a nuestro lado. No tenemos tiempo para todo mientras utilizamos el momento para nada.

Muriel que continua sin llamar, no se nada de ella, podría localizar su coche por el GPS, una llamada a comisaría y el inspector Xavier no tardaría ni dos minutos en decirme donde está aparcado, donde ha viajado en los últimos diez años, sus llamadas telefónicas y el contenido de estas, pero ese no es el modo de encontrar a la mujer que te ha saqueado el corazón. Espero que sus dedos pulsen mis números en su teléfono, su mensaje, su respuesta a la pregunta que nunca tuve valor de formular. Necesito hablar con ella, pero no contesta a mis desesperadas misivas. No me deja oler su caligrafía ni besar sus silencios. Te encuentro en mis sueños, en medio de la noche, pero nunca en mi cama. Muriel dame la enésima oportunidad, te decepcionaré de nuevo, pero allí estaré esperando caer para volver a levantarme.

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<<< Tornar a l’entrevista

Articles d’Àngel Lluís Carrillo Pujol a Cornudella Blog

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Publicat a Cornudellaweb.com:  8 de març de 2011.  Publicat a Cornudella Blog: 24/06/2013.
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